El Estado, la Justicia y la Seguridad

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Por Osvaldo Dameno*

La justicia y la seguridad son dos obligaciones insoslayables del Estado y a la vez dos necesidades de la población. El error más común es tomarlas como asuntos independientes. Ambas van de la mano. Hoy en día un fallo de la justicia afecta la seguridad y un delito pone a prueba la justicia.

En seguridad se discute hoy el garantismo o la llamada mano dura y en espejo, en la justicia se trata sobre el respeto de los derechos de los acusados, de los detenidos y de los condenados.

Las cuestiones están enlazadas. A veces la ideología enturbia el tema. Hay un sector de la dirigencia política que pone énfasis en el acusado y en sus derechos y otro sector prefiere el orden que garantiza una comunidad organizada. Son nuestra izquierda y nuestra derecha vernácula.

Las necesidades políticas también enturbian el tema. Entonces se fuerza la interpretación según convenga. Hay presos políticos o no. Hay prisiones preventivas abusivas o no. Hay ladrones o simples víctimas. La policía es mafiosa y corrupta o es una herramienta del Estado.

Todos sabemos de qué sectores estamos hablando. Pero conviene elevar el pensamiento para distinguir principios rectores sobre los cuales deberíamos los argentinos ponernos de acuerdo. Por ejemplo sin temor a equivocarnos tenemos que señalar a la Educación como un valor fundamental. Pero resulta que hoy no es prioridad. Si el pueblo elevara su nivel educativo habría mucha menos inseguridad y delito. Otro valor importante es la decencia, la honestidad, la honorabilidad. La idoneidad no le va en zaga a las anteriores. Hay que señalar también el respeto a la ley que también brinda seguridad y justicia. La defensa de las instituciones ocupa este estrado. Las mismas son vapuleadas constantemente, ignoradas, reformuladas, anuladas. La buena fe es imprescindible también. Estamos cansados de medidas que tienen una singular reserva mental. Que se dictan con fines escondidos. Nombramientos, desplazamientos, decretos y leyes muchas veces obedecen a oscuros designios.

La política tiene que recuperar el vuelo y tener una visión de futuro y de grandeza. Hoy la vemos rastrera, planteando rapiñas a unos para nivelar para abajo, mintiendo y deslindando responsabilidades constantemente. El pueblo está cansado de estas prácticas miserabilidades.

Si tuviéramos los valores mencionados, el gobierno apostaría a la educación y no a la burocracia prebendaria. Exigiría la presencia de los chicos en la escuela. Enseñaría las cosas importantes y no las pequeñas modas ideológicas. Lucharía por la justicia y no por sacar de la cárcel a los amigos. Respetaría a los jubilados. Se jugaría por la Unidad Nacional. Tendría una policía confiable y profesional y no atada de pies y manos. Y tantas otras cosas que la gente común observa.

Si la policía es el brazo de la ley la investigación profesional es el corazón de la justicia.En la provincia el procurador ahora apura la puesta en marcha de la policía judicial. Es difícil separar de sus propias necesidades políticas. En efecto, ha sido secretario de una gobernadora que convirtió a la policía y a los empleados públicos en enemigos de la sociedad. Y ahora, pese a que la tuvo a su disposición desde el inicio de su gestión la anuncia con bombos y platillos. Desde 1998 funcionó la policía judicial en su órbita. La necesidad de mostrar gestión y diligencia sobrevuelan sus decisiones, apuradas por el cambio de signo político.

En estas pequeñas cosas se aprecia con claridad el cúmulo de falencias institucionales que nos agobian. Para muestra basta un botón.

Dr. Osvaldo Dameno, ex Subsecretario de la Procuración General de la Provincia de Buenos Aires, ha sido Subdirector de la Policía Judicial, titular de Política Criminal y Juez de Faltas.

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