Avanza la beatificación de Enrique Shaw, el «santo empresario» que creció en los campos de Magdalena

El Vaticano aprobó el milagro que convertirá en beato a Enrique Shaw, fundador de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE) y figura emblemática del empresariado católico argentino del siglo XX. El anuncio llegó desde Roma, cuando el Papa León XIV autorizó el decreto que certifica la curación inexplicable de un niño por intercesión de Shaw, paso decisivo hacia su beatificación y eventual canonización. De concretarse, será el primer gran empresario moderno en subir a los altares.

Detrás del relato de la “humanización de la economía” y la “santidad en el mundo del trabajo”, emerge una biografía profundamente ligada a la historia del poder económico argentino, al linaje terrateniente bonaerense y a un territorio que une a Magdalena, Verónica y la costa atlántica. La vida de Shaw, más allá del bronce eclesiástico, está indisolublemente atada a la geografía costera bonaerense y a las grandes familias propietarias que moldearon la desigual estructura económica del país.

Del Ritz de París a la llanura pampeana

Enrique Shaw no fue un hombre de orígenes humildes. Nació en 1921 en el Hotel Ritz de París, uno de los escenarios más exclusivos de Europa, mientras su padre, Alejandro Shawbanquero, abogado y protestante— representaba los intereses de la poderosa Casa Tornquist en el Viejo Continente. Ese contexto de nacimiento simboliza la posición de su familia en la jerarquía económica global de la época.

Su madre, Sara Tornquist, era hija de Ernesto Tornquist, uno de los empresarios más influyentes de la Argentina agroexportadora de ese entonces. La muerte prematura de Sara, cuando Enrique tenía apenas cuatro años, marcó profundamente su infancia. Aunque su padre se encontraba frecuentemente ausente por motivos laborales y mantenía una práctica religiosa distante, cumplió con la última voluntad de su esposa: que sus hijos recibieran una educación católica.

En ese marco de soledad y ausencia paterna, la red familiar asumió un rol central. Enrique fue criado en gran medida por sus tías, entre ellas Elsa Shaw de Pearson, casada con el ingeniero agrónomo Ricardo Pearson, y guiado espiritualmente por su tío, el sacerdote Adolfo Tornquist. Esa trama familiar lo integró tempranamente a la vida rural entre Magdalena y Verónica, territorio que marcaría su identidad.

El peso de la herencia Tornquist

La fortuna, la influencia política y la acumulación de tierras que rodearon a Shaw hunden sus raíces en la figura de su abuelo materno, Ernesto Tornquist. El empresario e ingeniero belga fue un actor clave de la Argentina de fines del siglo XIX. A través de su empresa de transporte, Villalonga, desempeñó un papel central en la llamada Campaña del Desierto: mientras las tropas de Julio A. Roca avanzaban sobre los territorios aborígenes, los carros de Tornquist abastecían al ejército y regresaban cargados con prisioneros de los pueblos originarios, trasladados luego como mano de obra a los ingenios azucareros de Tucumán.

Además, Tornquist construyó el ferrocarril Tucumán–Rosario y financió el puerto de Rosario para exportar el azúcar producido en esas condiciones. Su cercanía con el poder político fue directa: aportó tres ministros de Hacienda a las presidencias de Roca. Esa herencia de negocios, tierras y vínculos estatales conformó el sustrato socioeconómico sobre el cual creció Enrique Shaw.

Entre Magdalena y Verónica: Luis Chico y El Destino

La infancia y juventud de Shaw transcurrieron cabalgando en “Luis Chico”, el campo de su padre en la localidad de Verónica. Allí comenzó a forjar la fe férrea que luego trasladaría al mundo empresarial. De manera paralela, el vínculo con sus tíos lo conectó con la estancia “El Destino”, en Magdalena.

Esta propiedad de 1.800 hectáreas, originalmente perteneciente a la familia Miguens, fue adquirida por Ricardo Pearson en 1928 y, años más tarde, se convertiría en la Fundación Elsa Shaw de Pearson. Hoy, ese legado continúa vigente: la Reserva Natural El Destino es administrada por dicha fundación, presidida actualmente por Sara Shaw de Critto, hija de Enrique Shaw. De este modo, el lazo entre el beatificado Shaw y el territorio magdalenense permanece activo hasta nuestros días.

Vocación, empresa y Doctrina Social de la Iglesia

Aunque su padre lo destinaba al mundo de los negocios familiares, Enrique Shaw eligió inicialmente la Escuela Naval Militar de Río Santiago -Ensenada-, decisión que generó tensiones. Sin embargo, tras su paso por la Marina, un “llamado vocacional” lo devolvió al ámbito empresarial, donde intentó aplicar los principios de la Doctrina Social de la Iglesia con un enfoque paternalista, pero inusual para su sector.

Como directivo de la gran industria vidriera Cristalerías Rigolleau, se destacó en un contexto de fuertes tensiones laborales por frenar el despido de 1.200 trabajadores, logrando que la casa matriz estadounidense desistiera de la medida. Con una planta de 3.500 operarios, Shaw se ganó el reconocimiento de muchos de ellos al conocer sus historias personales y promover una lógica de conciliación social.

En 1952 fundó la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE), con el objetivo de fomentar el diálogo y evitar la confrontación entre capital y trabajo. Sin embargo, distintos analistas señalan que la entidad mantuvo históricamente una postura crítica frente a las políticas de intervención estatal distributiva y justicia social del peronismo, alineándose más con los intereses del gran empresariado local e internacional.

La expansión territorial: Pinamar y la costa atlántica

La influencia de Shaw no se limitó a la industria del vidrio. En 1943 se casó con Cecilia Bunge, hija de Jorge Bunge, impulsor del desarrollo urbano de Pinamar. Esta alianza consolidó su vínculo con otro de los grandes proyectos territoriales de la provincia de Buenos Aires.

Tras la muerte de su suegro, Shaw asumió la presidencia de Pinamar S.A., liderando la urbanización y el perfil social de la ciudad balnearia. Su impronta permanece hasta hoy en la Avenida Shaw, una de las principales arterias del distrito.

Mística final, críticas y contradicciones

En su lecho de muerte, a los 41 años, enfermo de cáncer, su figura adquirió un tono mítico. Cientos de obreros —aquellos a quienes había evitado que fueran despedidos— hicieron fila para donarle sangre. “Ahora tengo sangre obrera”, o según otra versión, “ahora soy feliz, por mis venas corre sangre trabajadora”, dijo antes de morir. La Iglesia interpreta la frase como un símbolo de unidad social; otros la leen como la expresión de una élite que buscó armonizar intereses patronales con la caridad cristiana, sin alterar las estructuras de poder.

Hoy, la ACDE enfrenta el desafío de reconciliar su mensaje ético con una realidad empresarial marcada, en muchos casos, por prácticas como la utilización de paraísos fiscales, una conducta cuestionada públicamente por el extinto Papa Francisco. Shaw intentó moralizar el capitalismo de su tiempo, pero siempre desde una posición que no puso en discusión los privilegios ni la concentración de la propiedad de su clase.

Hacia la canonización

La beatificación de Enrique Shaw es celebrada por la ACDE y la Acción Católica como un triunfo de la “santidad en el mundo del trabajo”. Para otros sectores, representa la consagración de un modelo de empresario que, sin cuestionar las desigualdades estructurales, buscó introducir valores cristianos en el corazón del sistema productivo.

Mientras se aguarda la fecha de la ceremonia, prevista en Buenos Aires, el apellido Shaw sigue resonando en Magdalena, Verónica y la costa atlántica: en los campos, en las fundaciones, en las avenidas y en las oraciones de quienes ven en aquel niño nacido en el Ritz de París a un futuro santo argentino.


El Destino: Una reserva natural de administración privada

Ubicada en el partido de Magdalena, la Reserva Natural El Destino representa la continuidad del legado de la familia Pearson-Shaw en el territorio.

  • Historia: El predio de 1854 hectáreas fue adquirido en 1928 por el ingeniero Ricardo Pearson, tío de Enrique Shaw. En 1979, Pearson creó la Fundación Elsa Shaw de Pearson para asegurar la preservación del lugar tras su fallecimiento.
  • Gestión actual: Hoy, la fundación es presidida por Sara Shaw de Critto, hija del futuro beato Enrique Shaw. Bajo su conducción, la estancia se ha transformado en una reserva privada abierta al público, donde se preserva la flora y fauna autóctona de la costa rioplatense.
  • Perfil: El lugar combina el casco histórico erigido por Pearson con un área protegida que atrae a científicos y ecologistas. Es, al mismo tiempo, un emprendimiento de turismo rural que permite vislumbrar el estilo de vida de las familias propietarias que moldearon el paisaje de Magdalena durante el siglo XX.