Cierre de la BAPI:»Nos quieren romper el pueblo»

Ante la inminente amenaza del cierre de la Base Aeronaval Punta Indio, una medida de enorme gravedad institucional, social y económica que pone en jaque el futuro y la identidad de Verónica y todo el distrito de Punta Indio, el periodista Darío Goetta analiza las responsabilidades políticas del ajuste, el rol del gobierno nacional y la Armada, y la urgencia de una respuesta comunitaria unida para evitar el desmantelamiento de la región.

Por Darío Goetta

Concluyó una nueva reunión de la Comisión de Defensa de la Base Aeronaval de Punta Indio. Mientras algunos de los presentes nos hacían llegar la información de lo tratado, vuelve a quedar en evidencia una certeza amarga pero insoslayable que resume esta encrucijada y que le escuché decir hace poco a una trabajadora civil de la base: nos quieren romper el pueblo.

No se trata únicamente de los garcas que nos gobiernan desde la Nación y que ejecutan estas terribles políticas de ajuste —con empleados que, sentados en los cómodos sillones del almirantazgo, se prestan a llevarlas a cabo—; se trata también del garcaje local. Esos sectores que disfrutan sus miserias sobre la tragedia ajena y los que, sentaditos en una banca del Consejo Deliberante con el apoyo de quienes hace 31 años también se cagaron en el pueblo para defender intereses oligárquicos, hoy se desencajan en discursos de nenes de mamá. Personas que jamás participaron ni en la cooperadora de una escuela, reaccionarios que nada suman y que solo disparan a diestra y siniestra discursos de odio. Lo insólito es que en el recinto nadie les retruca. Claro que hay un detalle: son los mismos que le hicieron la campaña a Javier Milei, le repartieron la boleta y le fiscalizaron las urnas.

Y hay que decirlo con todas las letras: Milei, por intermedio de quien lo secunda, es el responsable directo de cerrar la base si no logramos detenerlo. La Armada actúa aquí como el brazo ejecutor; una institución que pretende disolver la Aviación Naval —así lo viene demostrando— y que le soltó la mano a sus propios laburantes. Frente a esto, lo único que nos queda sostener es la empatía, la solidaridad, el acompañamiento y la autodefensa.

Desde mi mirada, hay que corregir esa postura equívoca que sostiene que «no hay que hacer política» con el posible cierre de la base. Acepto que lo que no hay que hacer es partidismo, que hay que ser generosos y postergar las especulaciones electorales. Pero este es un asunto profundamente político: lo genera la política del Gobierno nacional y solo se resolverá mediante la acción política colectiva.

Es muy positivo que exista una gran mesa de trabajo en la comunidad, aunque deban pulirse ciertos desajustes comunicativos o de representación, como los trascendidos sobre las reuniones en CABA. Tampoco debe molestar la participación activa de ATE y de otros gremios. ATE representa a los trabajadores de la base; es legítimo y necesario que estén. ¿O en serio alguien imagina que las autoridades de la Armada o del Ejecutivo nacional van a dar un paso atrás por mera benevolencia? Eso no va a ocurrir si no se hace ruido, mucho ruido.

Por eso son clave las acciones que se están coordinando: las volanteadas en la Ruta 36 y en la Circunvalación, el trabajo conjunto con los clubes de la Liga Costera de Fútbol y el torneo de los barrios, la presentación del recurso de amparo en la Justicia, las actividades con la comunidad educativa y el llamado a que vecinos de Pipinas aporten su memoria sobre épocas oscuras. Del mismo modo, resulta estratégica la movilización planteada al Edificio Libertad junto a las CTA y la CGT para visibilizar el reclamo desde el conurbano hasta la Capital.

En medio de este esfuerzo, la actitud del concejal Lazarte —transformado en vocero de La Libertad Avanza— resulta reveladora. Al plantear sin ambigüedades que la situación no tiene vuelta atrás, su mensaje de trasfondo es el de desmovilizar y esperar lo que dictamine la Armada o el Ejecutivo. Como militar retirado, Lazarte responde a las instrucciones que le llegan; era cuestión de tiempo para que se le saliera la rueda.

Lo que ocurre con la Aviación Naval no es un hecho aislado. La desactivación de la escuadrilla de los Super Étendard —esos aviones emblemáticos de Malvinas a los que el macrismo sumó cinco unidades que nunca volaron por falta de repuestos— y el cese de operaciones de los Tracker forman parte de una misma lógica. Tras el anuncio del jefe de la Aviación Naval en Punta Indio, Olivero, se desactivó la escuadrilla de los Super Étendard dejando a 100 familias en una precariedad que ni ellos mismos tienen tan clara, sumado al desmantelamiento de la escuadrilla de los Tracker que ya venían ejecutando poco antes. Como señalaba oportunamente el diputado nacional Pablo Juliano (UCR), existe una mirada estratégica que apunta a desmantelar la presencia local y liberar la zona del estuario del Río de la Plata, en consonancia con los acuerdos de patrullaje marítimo firmados con Estados Unidos. En el campo lo dirían de forma más clara: pusieron al perro a cuidar los chorizos.

No debemos dejarnos confundir por la narrativa oficial ni por los desmentidos de ocasión. Cuando las autoridades navales declaran en medios nacionales que no se trata de un cierre sino de un «traslado de escuadrillas», replican una estrategia comunicacional calcada de la que sus propios analistas de Defensa adelantaban en transmisiones de streaming. Todos en la comunidad sabemos lo que esto significa.

Tampoco debemos desanimarnos por la constante metralla en redes sociales de personajes locales, perfiles falsos y nombres ocultos que intentan desgastar el reclamo comunitario, ni por las provocaciones de ediles empeñados en profundizar la grieta. Este tipo de desmantelamientos se repite a diario en decenas de puntos del país, reduciendo a los pueblos a la inactividad y al abandono. La única forma de evitar que Punta Indio sea la excepción a esa regla es ponernos espalda con espalda.

No está en juego únicamente una fuente laboral; se trata del tejido social y de la historia de toda nuestra comunidad. Espalda con espalda, todos juntos: esto hay que sacarlo adelante. Repito: nos queda sostener la empatía, la solidaridad, el acompañamiento y la autodefensa. Así lo vamos a poder dar vuelta.