Cada 1° de agosto, comunidades indígenas, productores, organizaciones y vecinos de todo el país renuevan una de las tradiciones más antiguas de América: el Día de la Pachamama, una jornada de agradecimiento a la Madre Tierra por los alimentos, el agua, la salud y la abundancia. En La Plata, la fecha se conmemora con ceremonias abiertas a la comunidad, ofrendas ancestrales y el tradicional ritual de la caña con ruda, una costumbre que año tras año reúne a cientos de personas para celebrar el vínculo con la naturaleza y las raíces de los pueblos originarios.
Dos ceremonias abiertas a la comunidad
La principal celebración se realizará desde las 15 horas en el predio municipal ubicado en 122 y 56, en el Bosque platense, donde tendrá lugar la tradicional Ceremonia Ancestral de la Pachamama.
La convocatoria es libre y gratuita e invita a vecinos y familias a participar de una jornada de encuentro, agradecimiento y reflexión sobre el vínculo entre las personas y la naturaleza. Durante la ceremonia se llevarán adelante las tradicionales ofrendas a la Madre Tierra, una práctica que busca agradecer por las cosechas, la salud y pedir prosperidad para el nuevo ciclo.
Más temprano, desde las 10 de la mañana, la Asociación de Medieros y Afines (ASOMA) encabezará otra celebración en el Parque Pereyra Iraola, bajo la consigna «Por la Tierra y la Producción».
Además del homenaje a la Pachamama, la jornada servirá para visibilizar la situación que atraviesan las familias productoras del cordón hortícola platense, que vienen reclamando por el aumento de los costos de producción, las tarifas y los arrendamientos rurales.
Según adelantaron sus organizadores, también expresarán su rechazo al proyecto impulsado por el Gobierno nacional que busca modificar la Ley de Tierras y eliminar los límites a la compra de campos por parte de extranjeros, al considerar que la iniciativa perjudica a los pequeños productores y pone en discusión el acceso a la tierra.
Una tradición que atraviesa siglos
La celebración de la Pachamama tiene sus raíces en los pueblos quechuas y aimaras de los Andes y se mantiene viva en Argentina, Bolivia, Perú, Chile, Ecuador, Colombia y Venezuela.
La palabra Pachamama proviene del quechua: pacha significa mundo, universo o tierra, mientras que mama quiere decir madre.
Para las culturas andinas representa mucho más que el suelo: simboliza el equilibrio entre las personas y la naturaleza, la fertilidad y el ciclo de la vida. Por eso, durante todo el mes de agosto se realizan ceremonias comunitarias y familiares para agradecer los bienes recibidos y pedir protección para el nuevo ciclo agrícola.
Uno de los momentos centrales de estos rituales es la corpachada, que consiste en abrir un pequeño pozo en la tierra donde se depositan alimentos, semillas, frutas, bebidas, flores y otros elementos como ofrenda. El gesto expresa el principio andino de la reciprocidad: devolver simbólicamente a la tierra parte de todo lo que brinda.
La tradición de la caña con ruda
Junto a las ceremonias ancestrales, el ritual más popular del 1° de agosto en Argentina es tomar caña con ruda en ayunas.
Aunque muchas veces se la asocia a la Pachamama, esta costumbre tiene origen guaraní y nació en el litoral argentino antes de extenderse a gran parte del país.
La preparación tradicional consiste en dejar macerar durante varias semanas hojas de ruda macho dentro de una botella de caña blanca paraguaya o ginebra. Según la creencia popular, beberla ayuda a alejar los males del invierno, atraer salud, trabajo y buena fortuna.
La tradición indica que puede tomarse mediante tres sorbos, siete tragos o un trago largo, dependiendo de cada costumbre familiar. Quienes no puedan hacerlo este sábado todavía tienen tiempo hasta el 15 de agosto, de acuerdo con la tradición popular.
En La Plata, uno de los lugares más tradicionales para conseguirla es el local Santa Devota, ubicado en la Galería Saturno (8 y 48), donde cada año se preparan decenas de botellas para quienes desean mantener vivo este ritual.
Un consumo que debe hacerse con moderación
Especialistas recuerdan, sin embargo, que la ruda no es una planta inocua.
La Ruta graveolens contiene compuestos que, consumidos en grandes cantidades, pueden provocar irritación gastrointestinal, náuseas, vómitos e incluso afectar el hígado y los riñones.
También está desaconsejada durante el embarazo, la lactancia y en niños, debido a sus efectos sobre las contracciones uterinas y otros posibles riesgos.
Por eso, recomiendan respetar el carácter simbólico del ritual y evitar el consumo excesivo.
Foto: @iconoclasistas
