«Crecé, pibe, el tango te espera», dicen que solía sentenciar el Polaco Goyeneche. Para muchos artistas, esa profecía se cumple con los años; sin embargo, en el caso de Daniel Melingo —fallecido hoy a los 68 años—, pareciera que fue él quien decidió esperar al tango, lo aguardó a que venga al pie, para pasarlo por el tamiz de su vasta cultura musical y su inagotable vocación vanguardista, logrando no solo abrazar el género, sino reinventarlo.
Fue una de las figuras más originales de la música argentina: integró Los Abuelos de la Nada, fue cofundador de Los Twist, formó parte de la banda de Charly García y, tras una extensa trayectoria en el rock tanto en Buenos Aires como en Madrid, reinventó su carrera convirtiéndose en uno de los principales referentes del tango contemporáneo.
Dany Melingo fue hallado sin vida en su departamento del barrio porteño de Chacarita por uno de sus hijos. Su entorno confirmó que recibía cuidados paliativos debido al avance de una enfermedad respiratoria que había deteriorado su estado de salud durante los últimos meses.
Su fallecimiento provocó una profunda conmoción en el ambiente artístico, donde era reconocido como un creador que desafió permanentemente los géneros musicales y construyó una identidad artística imposible de encasillar.
Una formación clásica que terminó revolucionando el rock
Nacido en Parque Patricios el 22 de octubre de 1957, Melingo tuvo un vínculo temprano con la música. Su padrastro fue representante del legendario cantor Edmundo Rivero, mientras que su abuela paterna había sido cantante en el Teatro alla Scala de Milán.
Desde muy joven estudió guitarra clásica y clarinete en el Conservatorio Nacional Carlos López Buchardo, continuó su formación en el Conservatorio Manuel de Falla y cursó armonía, composición y etnomusicología en la Universidad Católica Argentina.
Antes de convertirse en una figura del rock argentino incluso integró la banda del brasileño Milton Nascimento, experiencia que amplió su formación musical.
Su llegada al rock ocurrió a comienzos de los años 80 cuando, de la mano de Miguel Abuelo, se incorporó a Los Abuelos de la Nada, compartiendo formación con Andrés Calamaro, Cachorro López, Gustavo Bazterrica y Polo Corbella.
Como saxofonista, clarinetista y compositor dejó su sello en discos fundamentales como Los Abuelos de la Nada (1982) y Vasos y Besos (1983), donde fue autor de una de las canciones más recordadas del grupo: «Chala-man».
Los Twist y la explosión del rock de los años 80
En paralelo, junto a Pipo Cipolatti, fundó Los Twist, una de las bandas más representativas de la renovación del rock argentino tras el regreso de la democracia.
Con discos como La dicha en movimiento, Cachetazo al vicio y La máquina del tiempo, el grupo marcó una época con una mezcla de humor, ironía, absurdo y crítica social.
Canciones como «Cleopatra (la reina del twist)», «Jugando Hulla Hulla», «Ritmo colocado», «En el bowling» o «SOS, sos una rica banana» se transformaron en clásicos del rock nacional.
Durante esos años también integró la banda de Charly García, participando en la grabación de Piano Bar (1984), considerado uno de los discos más importantes de la historia del rock argentino.
España, la experimentación y un nuevo comienzo
A mediados de la década de 1980 se radicó en España. Allí integró Los Toreros Muertos, liderados por Pablo Carbonell, y posteriormente fundó Lions in Love, banda donde profundizó la experimentación sonora mezclando rock, jazz, blues, reggae y psicodelia.
Tras regresar a Argentina publicó su primer disco solista, H2O (1995), aunque el verdadero punto de inflexión llegaría pocos años después.
El hombre que reinventó el tango
En 1998 sorprendió al mundo de la música con Tangos Bajos, el disco que cambió definitivamente el rumbo de su carrera.
Lejos de reproducir el tango tradicional, Melingo creó un universo propio donde convivían el lunfardo, la literatura, el teatro, el arrabal y una interpretación casi actoral de cada canción.
Con una voz áspera, una puesta en escena cargada de dramatismo y personajes inspirados en los márgenes de Buenos Aires, se convirtió en uno de los grandes renovadores del tango contemporáneo.
Ese camino continuó con discos fundamentales como Ufa, Santa Milonga, Maldito Tango, Corazón y Hueso, Linyera, Anda y Oasis, obras que ampliaron los límites del género incorporando elementos del rock, el folklore rioplatense, la poesía y la experimentación sonora.
En especial, la trilogía integrada por Linyera, Anda y Oasis consolidó una nueva etapa creativa. A través del personaje del «linyera», Melingo desarrolló un lenguaje propio que él mismo definía como una búsqueda permanente, capaz de unir el tango con nuevas formas musicales y narrativas.
El artista sostenía que nunca buscaba repetir fórmulas: «voy buscando con el olfato hacia dónde ir. Tengo que ir asombrándome en el camino. Si veo que me estoy repitiendo, no me asombro», había dicho en una de sus últimas entrevistas.
Una obra que trascendió los géneros
Además de su carrera como músico, Melingo trabajó como actor en cine y teatro, compuso bandas sonoras, participó en proyectos audiovisuales y colaboró con artistas de distintas generaciones.
Grabó junto a Andrés Calamaro, Fito Páez, Skay Beilinson, Jaime Torres, Pedro Aznar, Willy Crook, Pity Álvarez, Pablo Lescano, Julieta Laso, Vicentico, Los Auténticos Decadentes y numerosos referentes de la música argentina e internacional.
En 2015 recibió el Premio Konex – Diploma al Mérito como uno de los cinco mejores cantantes de tango de la década y, en 2017, obtuvo un Premio Gardel por el álbum Anda.
También fue distinguido por la Legislatura porteña como Personalidad Destacada de la Cultura.
Sus últimos proyectos
Hasta sus últimos días, Daniel Melingo continuó trabajando. Preparaba la presentación de Tangos Bajos (Rework), prevista para el 21 de septiembre en el Teatro Coliseo, una relectura del disco que cambió su carrera.
El proyecto reunía nuevas versiones junto a invitados como Fito Páez, Andrés Calamaro, Pity Álvarez, Pablo Lescano, Julieta Laso, Maxi Prietto, Vinicio Capossela, Malandro y Stefanie Ringes, entre muchos otros.
Además desarrollaba un documental sobre las raíces africanas de la música popular argentina, impulsaba una nueva orquesta típica y trabajaba en el lanzamiento de un vino Malbec con su nombre.
El adiós de colegas, artistas y amigos
Su fallecimiento provocó una inmediata ola de mensajes de despedida en el mundo de la música, el cine y la cultura. Artistas de distintas generaciones recurrieron a las redes sociales para recordarlo.
Uno de los primeros en expresarse fue el actor Ricardo Darín, quien escribió en su cuenta de X: «Dani Melingo queridoooo. Te abrazo fuerte. Qué tristeza inmensa. Qué dolor. Abrazo a su familia».
La cantante Fabiana Cantilo, compañera de Melingo durante la década de 1980, compartió varias fotografías y videos junto al músico en sus historias de Instagram y lo despidió con un breve y sentido mensaje: «Un genio», acompañado por un corazón.
También el bajista de Los Fabulosos Cadillacs, Flavio Cianciarulo, publicó una imagen del artista junto a la frase: «Buen viaje de paz y luz, amigo. Maestro».
La humorista y guionista Malena Pichot eligió un homenaje más íntimo: compartió un video reproduciendo La dicha en movimiento, el emblemático primer disco de Los Twist, mientras sonaba Ritmo colocado, uno de los clásicos de la banda.
Por su parte, Leo García recordó tanto al artista como a la persona detrás de la obra: «Dani, Dios te tendrá en la gloria. Gracias por tu amor de colega musical y espiritual, tu humildad única».
También se sumaron a las despedidas Santiago Motorizado, quien lo definió simplemente como un «Genio superior», y el dibujante Liniers, que compartió una fotografía junto a Melingo acompañada por las palabras: «Melingo, maestro, buen viaje».
Entre los mensajes más emotivos estuvieron los de músicos que compartieron con él buena parte de su recorrido artístico. Guillermo Piccolini, compañero en España durante la etapa de Los Toreros Muertos y Lions in Love, escribió:
«Sin palabras… Como cantó él: ‘por un rato quedé tarado, tololo, atolondrado…’. Se fue el amigo, el maestro; queda una obra inoxidable y unas risas imborrables. Habrá que sacarle el corcho a ese Malbec atesorado. Salutte Daniel.»
También el guitarrista Richard Coleman, con quien compartió escenarios y giras durante los años de la banda de Charly García, publicó una extensa despedida en la que repasó décadas de amistad.
«Acá nos conocimos, Muñeco, y nos hicimos amigos. Compartimos el mismo lado del escenario, micros, aviones, autos e insomnios… Gracias, Turco.»
Las muestras de afecto comenzaron a multiplicarse pocas horas después de conocerse la noticia y reflejaron el enorme respeto que Melingo supo construir a lo largo de su vida. Músicos, actores, escritores y artistas de distintas generaciones coincidieron en destacar su creatividad, su permanente búsqueda artística y la influencia que ejerció tanto en el rock nacional como en la renovación del tango contemporáneo.
Un legado irrepetible
Su recorrido atravesó el rock, el tango, la poesía, el cine, el teatro y la literatura sin responder nunca a una única etiqueta. Desde la irreverencia de Los Twist hasta la penumbra de su obra tanguera, construyó un universo propio que convirtió al suburbio, el lunfardo y los personajes olvidados en una expresión artística única.
Durante más de cuatro décadas hizo del cambio una forma de creación. Nunca dejó de buscar nuevos caminos y, como él mismo decía, su mayor impulso era seguir encontrando motivos para asombrarse. Esa búsqueda constante terminó convirtiéndolo en uno de los artistas más originales e influyentes de la música argentina contemporánea.
Foto principal: Diego Paruelo, in memoriam
