El Partido Justicialista de Magdalena renovó sus autoridades con un resultado que marca un cambio en la configuración del peronismo local. La lista 4 Azul «Un Grito de Corazón», encabezada por la concejal Mirna Elizabet Gurina, se impuso con 301 votos frente a los 283 obtenidos por la nómina oficialista de Juan Carlos García. Con este resultado, Gurina se convierte en la primera mujer en presidir el partido a nivel distrital, lo que marca una transición hacia nuevos liderazgos con una impronta generacional distinta.
Aunque la diferencia de 18 sufragios pueda interpretarse como un margen estrecho, en una elección de base y con un universo de votantes definido, una ventaja del seis por ciento representa una clara victoria. El resultado adquiere otra dimensión si se considera que el oficialismo saliente utilizó la estructura institucional del partido y sus canales oficiales de comunicación para apuntalar sus candidaturas. Es más, al momento de cerrar esta nota, el instagram oficial del PJ de Magdalena aun mantiene el silencio sobre el resultado de la interna y exhibe publicaciones de la lista perdedora.
La derrota del esquema encabezado por García puede leerse como un cuestionamiento a las formas de conducción delegada. Para buena parte del padrón, la figura del presidente saliente funcionó como una representación de César Fulgione, un esquema que las bases percibieron como agotado. Frente a un modelo de peronismo de mesa chica, caracterizado por rasgos conservadores y prácticas estáticas o clientelares, se impuso una propuesta que reclama mayor combatividad y una presencia activa en la calle. La militancia optó por una identidad política nítida en lugar de una variante anclada en un «ceremonial» cada vez más alejado de las necesidades reales de los sectores populares.
Frente a un estilo de conducción que en los últimos años volvió a recluirse en una liturgia autorreferencial y cerrada —una forma de construcción del PJ ya rechazada por la ciudadanía en décadas pasadas—, es posible que esto abra el debate sobre la necesidad de recuperar la transversalidad. Quizás el peronismo deba retomar aquella identidad que forjó Néstor Kirchner en los inicios de su presidencia, basada en un pluralismo en sintonía con las luchas populares, los derechos humanos, el trabajo, la producción, la soberanía nacional y la distribución de la riqueza, más que en la simbología excluyente de la marchita cantada por Hugo del Carril, los dedos en V y el escudo partidario.
En este sentido, el desafío del PJ local será articular con sectores que no necesariamente se definen como justicialistas pero que hoy rechazan el ajuste en la educación, la ciencia y la cultura, la reforma laboral y la desindustrialización, y que demandan transparencia en la gestión y mayor participación ciudadana.
Es importante comprender que el voto a Mirna Gurina no expresó un distanciamiento de la figura de Axel Kicillof, quien mantiene una altísima adhesión entre todos los peronistas de a pie en el distrito. Para el afiliado de base, no tan atento a la comidilla cotidiana de los medios políticos y más cercano a los sentimientos viscerales que a los análisis refinados, la figura del gobernador bonaerense sigue estando indisolublemente asociada a la de Cristina Fernández de Kirchner.
El intento de la lista encabezada por Juan Carlos García de «blindarse» con Kicillof como un escudo para proteger una gestión distrital desgastada no funcionó. La militancia interpretó que la verdadera continuidad del «proyecto nacional y popular», que tiene a Cristina como su mayor referente mujer después de Evita, estaba representada por el perfil más confrontador de la lista ganadora. Los peronistas de Magdalena reclamaron una conducción estratégica por sobre variantes más laxas o dialoguistas con el poder local. Primó el deseo de un peronismo que no pida permiso para exigir la libertad a su líder presa, ni para posicionarse como oposición real.
Un factor importante en este proceso fue el efecto búmeran de la campaña difamatoria contra La Cámpora impulsada desde medios hegemónicos y desde el propio gobierno nacional de Javier Milei. Los ataques y la estigmatización, que tuvieron algunos ecos machistas y ultraconservadores en la prensa local, terminaron por aglutinar al peronismo de los barrios populares en una expresión de rechazo real a las políticas de ajuste. Ante la agresión externa del poder económico concentrado, el afiliado no buscó moderación sino refugio en su identidad más profunda, convirtiendo las críticas en una medalla de honor. El mensaje de las urnas fue una reivindicación íntima -no expresada de manera pública pero latente en el sentimiento de los sectores populares- de los años de bienestar de los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, eligiendo la identidad clara por sobre el maquillaje político.
La nueva estructura del PJ, que contará con Fernando Jesús Rojas en la vicepresidencia y María Ximena Poveda en la secretaría general, enfrenta ahora la tarea de reorganizar las filas internas. El objetivo declarado por la conducción entrante es transformar el partido en una herramienta de consulta permanente para los vecinos y dejar atrás las estructuras cerradas. Con la mirada puesta en las elecciones municipales de 2027, el desafío será convertir este respaldo de las bases en una alternativa política capaz de disputarle el gobierno local a la UCR.
La victoria en Magdalena no fue un hecho aislado. A nivel provincial, el peronismo quedó configurado en una convivencia de fuerzas entre el Movimiento Derecho al Futuro (MDF), La Cámpora y el Frente Renovador.
Mientras que el MDF logró retener distritos como Morón y San Miguel, figuras como Gurina en Magdalena, Juan Debandi en Tres de Febrero y Fernanda Raverta en Mar del Plata consolidaron el peso del kirchnerismo en el armado territorial bonaerense.
José Luis Meirás
