Un video promocional difundido por la estación de servicio Shell Crespo, en Entre Ríos, generó una ola de indignación nacional al mostrar una parodia que simula el secuestro y la desaparición de una mujer. La pieza, grabada por empleados de la firma Erich Wagner y Cía. SRL, exhibe a dos playeros que, hartos de una joven que aparece en la escena, la califican de “infumable”, le colocan una bolsa de consorcio negra en la cabeza, la atan y la arrojan a la parte trasera de una camioneta con rumbo a Formosa. Tras el acto, los protagonistas se relajan tomando mate y comentan: “¡Qué paz, eh! Por fin, esta piba no va a joder más”.
La publicación, eliminada a las pocas horas, se trató de una apología de la violencia de género y femicidio. El repudio en redes sociales fue inmediato y masivo, alcanzando repercusión nacional a partir de la denuncia pública de la periodista Ingrid Beck, referente de Ni Una Menos, quien escribió: “Dos tipos que secuestran a una mujer, la meten en una bolsa de basura y toman mate. Ojalá nadie nunca más cargue combustible en esa empresa”.
La reacción política fue transversal: dirigentes de todo el arco cuestionaron la “jodita femicida”.
Myriam Bregman señaló: “¿A quién se le pudo ocurrir esta aberración? No es una publicidad, es un ataque misógino espantoso que debemos repudiar con toda fuerza. En este mismo momento tenemos varios juicios contra Shell por discriminación, se ve que sientan jurisprudencia para sus estaciones de servicio”.
Malena Galmarini, en tanto, vinculó el caso con el crimen de Ángeles Rawson: “Increíble. @Shell explicando cómo ‘deshacerse’ de una mujer que incomoda. ¿De acá habrá aprendido Mangeri? ¿O será al revés?”.
El paralelismo no es casual: Jorge Mangeri, portero del edificio de Rawson, ocultó el cuerpo de la adolescente de 16 años en una bolsa de residuos antes de trasladarlo a un contenedor de basura. El video de Shell no solo reproduce esa imagen brutal sino que la presenta como una broma cotidiana, borrando la frontera entre humor y violencia extrema.
Los descargos: entre la tibieza y la autoincriminación
La empresa concesionaria, Erich Wagner y Cía. SRL, pidió disculpas en Facebook: reconoció que el material fue “totalmente inapropiado” y que “puede interpretarse como una apología de la violencia de género”, pero sostuvo que “de ninguna manera esa fue la intención”. Raízen, licenciataria de la marca Shell en la Argentina, buscó despegarse: “Condenamos toda forma de violencia y discriminación. Repudiamos el video publicado por la empresa propietaria de la estación de servicios Shell de Crespo y tomaremos las medidas necesarias”.
La respuesta más llamativa fue la de la community manager Aixa, responsable de la pieza y además protagonista de la escena, quien en su comunicado afirmó: “El contenido fue ideado y producido por mí”. Alegó que buscaba “comunicar un mensaje positivo”, pero reconoció que pudo dar lugar a otras interpretaciones. Su descargo fue leído como un acto de autoincriminación y un intento absurdo de justificar lo injustificable.
Intervención judicial y posibles delitos
La jueza de Paz de Crespo, Vanesa Visconti, intervino de oficio en el caso, amparada en la Ley 10.956 de protección integral contra la violencia de género en Entre Ríos. La pieza podría configurar distintos delitos previstos en el Código Penal:
- Apología del delito (art. 213), con penas de 1 mes a 1 año de prisión.
- Incitación a la violencia colectiva (art. 212), hasta 6 años de prisión si se probara instigación pública.
- Violencia simbólica y mediática (Ley 26.485), que prevé sanciones administrativas y civiles.
Si bien se trató de una simulación, el carácter de publicidad corporativa agrava la situación: no fue un chiste privado, sino un mensaje difundido bajo el logo de Shell.
Repudios y voces críticas
La periodista Claudia Fernández Chaparro, en su nota “Con el femicidio no se juega”, destacó que el spot describe un modus operandi real de numerosos crímenes contra mujeres: “El tenebroso spot publicitario describe una manera habitual de deshacerse de los cuerpos. Lo sorprendente es que a nadie, en toda la cadena de producción, le haya hecho ruido”.
Las Periodistas Feministas de Entre Ríos emitieron un comunicado: “Repudiamos y exigimos el retiro del video. Es apología de un delito y violencia mediática y simbólica en un país donde se comete un femicidio cada 27 horas”.
Shell y un historial de denuncias
El episodio no es aislado. Shell acumula denuncias a nivel mundial por desastres ambientales y violaciones laborales. En Argentina, la empresa fue responsable del mayor desastre ecológico de la industria petrolera: el derrame en Magdalena en 1999, que afectó una reserva de biosfera de la UNESCO. Más recientemente, la justicia ordenó a Raízen reincorporar a un brigadista despedido por discriminación sindical y ambiental.
La utilización de mujeres cosificadas como “promotoras” hipersexualizadas en ferias y eventos deportivos también forma parte del marketing global de Shell, lo que revela un patrón de explotación simbólica que este caso volvió a poner en evidencia.
Responsabilidad ineludible
Aunque el video haya sido producido por un concesionario, Shell no puede eludir su responsabilidad. La marca que aparece, la simbología corporativa y la difusión en canales oficiales hacen que el caso no pueda desligarse de la multinacional. El mensaje, más allá de las intenciones alegadas, refuerza estereotipos misóginos y normaliza la violencia contra las mujeres.
El escándalo de Crespo expone algo más profundo que un “error de comunicación”: evidencia la naturalización de la violencia femicida en espacios de trabajo y la impunidad con la que grandes corporaciones como Shell siguen lucrando con el desprecio a la vida de las mujeres y el ambiente.
Una coincidencia macabra
El nombre de la empresa concesionaria, Erich Wagner y Cía. SRL, reavivó sospechas y comentarios. Aunque probablemente provenga de un inmigrante alemán radicado en la zona a principios del siglo XX, no pasó desapercibido que un homónimo fue también un médico austríaco que sirvió en las SS en el campo de concentración de Buchenwald. Una coincidencia inquietante que agrega una capa más de oscuridad al escándalo.
Erich Wagner trabajaba como médico de campo de las SS en Buchenwald desde 1939. En 1940, se doctoró en la Facultad de Medicina de la Universidad de Jena con su tesis «Una contribución a la cuestión del tatuaje». El enfoque sociorracista de la tesis queda claro desde la introducción: los tatuajes debían considerarse un «signo de bajo estatus cultural e inteligencia inferior».
Wagner empleó este enfoque de biología forense para seleccionar y matar a prisioneros tatuados con el fin de usar su piel como material ilustrativo. Al mismo tiempo, cientos de las pieles preparadas se convirtieron en objetos cotidianos para las SS. Los restos humanos también eran, por lo tanto, «trofeos» para los hombres de las SS, que se habían convertido en maestros de la vida y la muerte.
