El dólar volvió a romper récords y obligó al Banco Central a intervenir de manera inédita. Este viernes, la autoridad monetaria vendió US$678 millones para frenar la corrida cambiaria, en la tercera jornada consecutiva de fuertes operaciones que ya acumulan US$1.110 millones. Con estas ventas, las reservas cayeron a US$39.258 millones, profundizando la preocupación del mercado.
La divisa subió 1,3% y cerró a $1.515, cruzando por primera vez la barrera de los $1.500. En el circuito financiero paralelo, el contado con liquidación trepó hasta $1.550, mientras que el dólar mayorista quedó en $1.474, apenas un peso por debajo del techo de la banda cambiaria.
La presión sobre el peso se acentuó después de que el ministro de Economía, Luis Caputo, insistiera en que el Gobierno está dispuesto a usar “hasta el último dólar” para mantener a raya la cotización. La frase, lejos de calmar, disparó las expectativas de devaluación y alimentó la demanda de divisas. Los ahorristas minoristas colapsaron las plataformas online de los bancos, mientras los inversores grandes siguieron comprando dólares convencidos de que el Central tarde o temprano se quedará sin poder de fuego.
En el mercado recuerdan que, cuando en julio Caputo dijo “comprá, campeón”, el dólar estaba en $1.220: quienes siguieron el consejo ya ganaron entre 24% y 27% en menos de tres meses, una rentabilidad tres veces superior a la de un plazo fijo.
La estrategia oficial no se limita a la venta de reservas. Funcionarios del Central presionaron a los bancos para que limiten el acceso de sus clientes corporativos al CCL, un recurso que desnuda el malestar oficial ante la falta de divisas frescas.
Mientras tanto, el presidente Javier Milei anunció que están “muy avanzadas” las negociaciones con el Tesoro de Estados Unidos para obtener un nuevo préstamo. A diferencia del FMI —que monitorea el uso de cada desembolso—, la Casa Blanca podría dar un gesto político antes de las elecciones legislativas del 26 de octubre. Sin embargo, el eventual crédito se destinaría a reforzar las reservas y a cubrir vencimientos de deuda de 2026, lo que refuerza la idea de que la estrategia oficial sigue siendo la de endeudarse y postergar definiciones.
El telón de fondo es un clima de creciente incertidumbre. El riesgo país se mantiene en 1.452 puntos, reflejo de la desconfianza en la capacidad del Gobierno de sostener el esquema cambiario y cumplir con los acreedores. Entre analistas e inversores se impone la pregunta: ¿aguantará el Banco Central hasta las elecciones o el salto del dólar será inevitable el día después?
