Milei presentó el Presupuesto 2026 entre promesas, dudas y malestar social

Tras la derrota en la provincia de Buenos Aires y con un escenario legislativo adverso, el presidente Javier Milei eligió anoche la Casa Rosada y la cadena nacional para presentar el proyecto de Presupuesto 2026. Lo hizo en soledad, custodiado apenas por dos granaderos, y con un discurso de quince minutos en el que buscó ratificar su “rumbo grabado en piedra”: ajuste, déficit cero y equilibrio fiscal como bandera.

El mandatario reivindicó lo que consideró logros de su gestión —la baja de la inflación, la pobreza, los impuestos y el cepo— aunque con indicadores cuestionados por economistas y opositores. Reconoció, por primera vez, que “muchos argentinos no lo perciben en su realidad material” y pidió a la sociedad “no aflojar”, convencido de que “lo peor ya pasó”. Una frase que recordó a la utilizada por Mauricio Macri en 2019 antes de su derrota electoral.

Para contener el desgaste político y social, Milei intentó mostrar un giro discursivo. Prometió aumentos “por encima de la inflación” en jubilaciones, educación, salud y pensiones por discapacidad. Según su presentación, el 85% del gasto estaría destinado a estas áreas, lo que definiría al “capital humano” como prioridad de gobierno. Sin embargo, especialistas advirtieron que esas subas parten de proyecciones de inflación subestimadas y que no alcanzarán a recomponer la pérdida acumulada en los últimos dos años.

Mientras tanto, en varios barrios porteños y bonaerenses se hicieron sentir cacerolazos durante la emisión del mensaje. Desde la oposición también llegaron cuestionamientos: denunciaron que el plan es “populismo fiscal” para la tribuna electoral, criticaron la falta de referencias al escándalo de las coimas en la Agencia Nacional de Discapacidad, y remarcaron que el equilibrio se sostiene con más deuda pública y un estancamiento económico que ya se percibe en la caída del consumo.

El propio Milei admitió que su propuesta enfrenta un Congreso hostil, que no le aprobó el presupuesto 2025 y que difícilmente respalde el de 2026. A un mes y medio de las elecciones legislativas del 26 de octubre, el presidente busca recomponer lazos con gobernadores y legisladores, aunque las señales son contradictorias: el mismo día que habló de “consenso” avanzó con transferencias discrecionales de fondos a algunas provincias, tras haber vetado la ley de ATN.

Más allá de los anuncios, la incertidumbre domina el escenario. Los mercados castigan con un riesgo país en alza, la actividad económica muestra signos de estancamiento y el oficialismo encara la campaña en su peor momento político desde que llegó al poder. Milei, sin embargo, insiste en que la senda del ajuste es “el único camino” y que, si se sostienen las reformas, Argentina podría crecer al 7% anual y en treinta años “estar en el podio de las potencias mundiales”.

El presupuesto presentado, más que despejar dudas, las multiplica. La incógnita central es si Milei logrará el respaldo político para llevarlo adelante, o si quedará —como el del año pasado— en una promesa sin destino parlamentario.