Miguel Cajaraville, perfil de un protagonista del nacimiento de la Patria que vivió en Magdalena

El historiador, naturalista y gestor cultural Marcelo Pernigotti protagonizó ayer en Bartolomé Bavio un emotivo homenaje a Miguel de los Santos Cajaraville y su caballo Decano. La ocasión fue especial, ya que coincidió con el 124° aniversario del pueblo, los 175 años del fallecimiento de José de San Martín y el bicentenario de la muerte de Decano, el magnífico corcel que luchó junto a Cajaraville en batallas decisivas por la independencia de las naciones suramericanas. Para conmemorar estos hitos, se inauguró un monumento que los homenajea en la localidad magdalenense. Pernigotti, quien además es parte del proyecto del Museo y Posta Cultural «Estación Bavio«, fue el orador principal. Al evento asistieron autoridades, representantes de fuerzas vivas, vecinos y visitantes que se unieron para la celebración. A continuación, compartimos el perfil que ofreció durante el homenaje.

Por Marcelo Pernigotti

Hoy es un día muy especial para todos los que amamos a Bavio. Poder realizar este homenaje a Miguel de los Santos Cajaraville y Decano nos transporta en el tiempo, a cuando María Angélica “Keka” Cajaraville, nuestra vecina, nos contaba esta fascinante historia del héroe de los Andes y su caballo.

Los años pasaron y creemos que es justo realizar este homenaje, ya que este año se cumplen doscientos años de la muerte de Decano. Este tributo es para Miguel de los Santos Cajaraville y Decano, buscando mostrar la unión y el compañerismo entre el hombre y el caballo, el respeto y amor que Miguel tuvo por su fiel compañero hasta sus últimos días. Un amor que se tradujo en el entendimiento mutuo que tuvieron en batalla y posteriormente, cuando Decano, ya ciego, reconocía de lejos que venía Miguel.

Para recordar la historia de Miguel de los Santos Cajaraville, debo decirles que nació en Buenos Aires, en la esquina actual de las calles Independencia y Defensa, el 5 de julio de 1794. Era hijo de Andrés Caxaraville, un español dedicado a la actividad agropecuaria que poseía campos en Magdalena, y de María Engracia Miguens, hija de Marcos Miguens, propietario de la Primera Estancia, también en este viejo pago.

Su infancia transcurrió en Buenos Aires. Se educó en colegios religiosos, mientras sus lugares de esparcimiento y juego se daban en la costa del río y en el campito del Retiro, lugar donde se realizaban prácticas militares, lo que le dio su primer contacto con la profesión que abrazaría en su vida.

En 1806 y 1807, vivió en primera persona las Invasiones Inglesas. No hay registro de si tuvo participación activa en la defensa de la ciudad, pero años más tarde, con casi 16 años, presenció la Revolución de Mayo de 1810, donde se cree que participó de varias reuniones y formó parte de los “chisperos” (chicos y adolescentes que propagaban la chispa de la revolución, por medio de mensajes o llevando comunicaciones y encomiendas entre oficiales revolucionarios), a cargo de French y Berutti.

Luego del resonante triunfo de San Lorenzo, Miguel obtiene el permiso de su padre y se incorpora el 5 de abril de 1813, con 18 años y en grado de cadete del Regimiento de Granaderos a Caballo, con asiento en Retiro. Su padre le regala el uniforme, la montura y dos caballos colorados malacaras, nacidos en sus campos en Magdalena (hoy Bavio) y elegidos especialmente para él.

El 4 de diciembre de 1813 es designado alférez y es destinado al Ejército del Norte, donde participará en combates demostrando una gran aptitud. En 1815, participa en la batalla de Sipe Sipe. Miguel es herido de bala y pierde a uno de sus caballos. Ante este hecho, dedica gran parte de su tiempo a entrenar a su otro colorado malacara, al cual llamará “Decano”, logrando tal eficacia en batalla que se decía que hombre y caballo eran una sola entidad.

En tanto, el General José de San Martín, organiza el Ejército de los Andes en Mendoza, y a fines de 1815 pide el traslado de Miguel, que se produce a principios de 1816. Entre el 19 y 25 de enero de 1817 se realiza el cruce de los Andes, y nuestro hombre lo hace por el Paso de Los Patos.

El 12 de febrero de 1817 se da la batalla de Chacabuco. Cajaraville se destaca de manera sorprendente, lo que le vale el ascenso a Ayudante Mayor el 24 de mayo de 1817. El 13 de marzo de 1818 es promovido a Capitán.

El 30 de mayo de 1818, a cargo de 60 granaderos, hace replegar y vence a un destacamento de 200 realistas, un hecho que se festejó en las calles de Santiago. Cajaraville empieza a ser reconocido como el gran sableador, demostrando gran valentía y coraje. El 5 de abril de 1818, llega la batalla de Maipú, una de las más cruentas de la independencia americana, que dura 6 horas.

Cajaraville, el 28 de mayo en Villa del Parral, con solo doscientos hombres, derrota a trescientos españoles. Sus superiores destacan nuevamente el accionar de Miguel de los Santos Cajaraville, que solo tiene 24 años. El 30 de julio se produce otra destacada actuación en Chillán, donde casi sin municiones en un terreno poco conocido y envueltos en la noche, con un golpe sorpresa Cajaraville y sus soldados dan un nuevo paso al triunfo para la libertad de Chile.

El 12 de enero de 1819, obtiene el cargo de Sargento Mayor y se lo recompensa con una suma de dinero que rechaza, otorgándosele en su lugar una chaqueta de gala y un sable de honor.

A fines de ese año, se encuentra muy enfermo y, a pesar de su juventud, está avejentado. Solicita permiso para volver a Buenos Aires para su recuperación. Pero estando de paso por Mendoza, el 20 de enero de 1820 tiene que entrar nuevamente en acción, debido a que el Batallón N°1 Cazadores de los Andes se subleva. Aun enfermo, se hace atar a su montura y marcha al frente del contingente, que consigue derrotarlos. A su regreso, es recibido en Mendoza con todos los honores.

En mayo, regresa a Buenos Aires junto a su caballo colorado malacara “Decano” y se dirige a su estancia en Magdalena. Luego de recorrer infinidad de kilómetros durante 7 años, regresa solo con Decano, viejo y tan desgastado como Miguel. Su fiel compañero merece una atención especial.

Decano obedecía todas las órdenes, era blando de boca, respondía con velocidad para girar con una rapidez nunca vista. Fue un caballo de gran alzada, que cuando arremetía en las cargas de batalla era temible y, a la orden de su jinete en plena batalla, se tendía en el suelo para no ser blanco de los proyectiles. Pero, a la vez, fue el amparo para su dueño. Decano llega ciego a la estancia en Magdalena y pasará sus últimos días alojado en una pieza acondicionada para él. Se sabe que murió en 1825. Se cree que Decano inspiró el poema de Belisario Roldán, «Caballito Criollo»: «del galope corto, del aliento largo y el instinto fiel, caballito criollo que fue como una asta para la bandera que anduvo sobre él ¡Caballito criollo que de puro heroico, se alejó una tarde de bajo su ombú, y en alas de extraños afanes de gloria se trepó a los Andes y se fue al Perú! ¡Se alzará algún día, caballito criollo, sobre una eminencia un overo en pie; y estará tallada su figura en bronce, caballito criollo que pasó y se fue!»

En tanto, Miguel el 24 de febrero de 1821 era ascendido a Teniente Coronel y marchó a asegurar las poblaciones y establecimientos al sur del río Salado, asolado por malones. Siendo su logro más importante la instalación del Fuerte Independencia y posterior fundación de Tandil, regresando a Buenos Aires en agosto de 1823.

El 16 de junio de 1824, Miguel Cajaraville es cesado en el mando del regimiento, regresando a su estancia en Magdalena. En 1829, con la caída de Lavalle, se traslada a la República Oriental del Uruguay, donde se instala lejos de los problemas en Buenos Aires. Cajaraville en Uruguay se hace cargo de la comandancia militar del departamento de Soriano y, después de la derrota de Rosas en Caseros, regresó a Buenos Aires.

Transcurre el año muy enfermo y débil, falleciendo en Buenos Aires, el 12 de diciembre de 1852, a la edad de 58 años. Casado con Dorotea Núñez, tuvieron un hijo, Feliciano.